El sujeto y el poder “Foucault”

El sujeto y el poder reflejado en la obra del autor.

“Foucault nos cuenta qué es el sujeto con respecto al poder, pues el sujeto de poder  impone sobre el sujeto corriente nada más que la propia subordinación ante su ‘yo’”, es decir, ante su modelo, su pauta de conducta, su manera de pensar, etc. Así como la cabeza nos dice cómo debemos mover los pies para andar, el sujeto de poder dice dónde debe dirigirse.  La masa ha sido convencida de que es libre, pero en realidad es puro reflejo y motor del sujeto de poder, e incluso cuando este ‘hombre volumen’ intenta rebelarse, es carente de poder como individuo, es más difuso aún que toda la masa junta, suele ser apartado con lo que Michel Foucault denomina “práctica divisoria”: definido como un loco, es convertido prácticamente en un no ser. Aún cuando la rebelión es conjunta, apoyada por una alteridad a la que reconocemos como “nosotros” (es decir, nuestra clase social o un grupo de ideología afín), los mecanismos de pensamiento, las estructuras de nuestro conocimiento, han sido marcadas por el sujeto de poder. Pongamos un ejemplo muy simple: a todos nos parece tan mal la violencia contra cualquiera de nuestro grupo (social, familiar) como la violencia contra cualquiera externo a nuestro grupo (externo a nuestro círculo de relaciones más cercanas). Por ello, nuestro comportamiento general no será quitarle (mediante la violencia) a nuestra alteridad aquello que nosotros creemos necesitar, o necesitamos, pues arrebatar la propiedad privada de un individuo no solamente nos parece mal, sino que constituye un delito en nuestra sociedad.

Entonces, deberíamos presuponer que el sujeto de poder que nos impone esta ley (moral y jurídica) debe tenerla en sí para ser impuesta. Como vemos a diario, el poder siempre usa la violencia y arrebata los recursos a otras naciones o incluso a sus propios ciudadanos usando la violencia, enmascarándola siempre bajo una excusa de necesidad pacificadora o de protección” (nuevo objetivo del poder pastoral según Foucault) a través de las armas. Por tanto, hay una diferencia entre el ser y el no ser del sujeto (lo que hace y no hace) con respecto al deber ser que plasma en la masa (lo que dice que hay que hacer). Esta diferencia es la que sustenta su poder, pues, “volviendo al ejemplo, nadie utilizará la violencia para arrebatarle su propiedad a los que mandan, es decir, nadie les quitará el poder”.

 

Si estuviéramos subordinados al sujeto del poder siempre de manera invariable, no se habrían producido cambios a lo largo de la historia, por lo que la obra podría tener un mensaje de resignación ante la realización de una rebelión contra el poder, pues si hasta nuestras estructuras mentales dependen de él, nos encontramos tremendamente determinados. Sin embargo, como ya hemos comentado, esa imagen nos hace ver como el poder manipula, se asemejaría a que de cierta manera cautiva.

Por tanto surge la necesidad de crear un nuevo yo, un nuevo sujeto y la necesidad de movimiento, de cambio, en definitiva, de empujar la figura, de querer un orden nuevo.

Es muy probable que lo que que Foucault nos dice finalmente es que el sujeto de poder y el sujeto masa o sujeto corriente que hemos comentado anteriormente, no son más que un efecto espejo entre el uno y el otro. Cuando el sujeto masa consigue llegar a ser sujeto de poder, no vuelve a preocuparse de conseguir un mundo mejor. Es decir, el sujeto masa quiere un mundo mejor, pero a la vez quiere una mejor prosperidad individual. Cuando consigue esta segunda, se olvida del objetivo primero y contribuye a la fijeza y a la continuación de la inestabilidad y la posición del poder.

El resultado de lo anterior es un estado de alienación sin parangón en la historia; la idea nos lleva de nuevo a la división entre el arquetipo de sujeto y la enajenación que sufren las personas al seguir este modelo sin cuestionarse absolutamente nada. Nos vuelve a unir con la concepción del sujeto definido y la masa en un solo cuerpo. Sin embargo, cabría explicar cómo ha llegado a dominar este sujeto racionalista modélico al hombre de a pie, lo que Foucault denominará poder pastoral, pues domina de una forma tanto individualizadora como totalizadora, en tanto y cuanto a las tres primeras razones que. La cuarta razón que Foucault da sobre la conformación de este poder es la que me sugiere a mí una relación más estrecha con una realidad asumida por la mayoría de las personas.

Finalmente, esta forma de poder no se puede ejercer sin conocer el interior de las mentes de la gente, sin explorar sus almas, sin hacerles revelar sus secretos más profundos.

Michel Foucault. El sujeto y el poder.

En cierta manera, este último punto pone de manifiesto de nuevo el control del poder de la manera más invasora: la interiorización e identificación con el mismo por parte de los individuos. Sin embargo, ¿cómo llegan a conocer nuestras vidas y nuestra intimidad? Es obvio que las obras son esclavas del tiempo en cierta manera, pero Foucault  quizá,  ya ponía en órbita que lo establecido en el futuro sería la continua expresión pública de nuestra intimidad ( es decir, las redes sociales).

Aún así, puesto que esto sería una reflexión y mi visión desde el punto de vista del espectador (del lector como repetiría Barthes en La muerte del autor)

“Como diría Foucault, podemos construir un “yo” lejos de ser un ser que camina por el mundo sin atender verdaderamente a lo que en relieve está constantemente: la soledad”

Javier Ábrego

 

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